¿Nos hacemos las preguntas adecuadas?

Nos hacemos las preguntas adecuadas

Cuando las cosas no van tan bien como uno quisiera, cuando uno no se siente a gusto, termina cuestionando todo pero sobre todo se cuestiona a sí mismo. Y más temprano que tarde se formula preguntas que en muchas ocasiones lejos de capacitarle para afrontar la situación le llevan a mantenerse en el mismo caos mental sin proporcionar posibles alternativas que permitan dar una solución a la situación. Y es que hoy, en Devivencias queremos tratar este “partido mental” de preguntas y respuestas que muchas veces se da en nuestra cabeza y que si bien unas veces nos encumbra otras nos hunde en lo más bajo del lodazal.

Lo cierto es que las preguntas tienen una extraña cualidad, no puedes dejar de responderlas. Pero normalmente no nos paramos a reflexionar sobre el impacto que tienen las preguntas que nos realizamos. Nos limitamos a preguntarnos por preguntar. Y aquí está el gran error, no todas las preguntas son igual de válidas. Porque aunque todas las pregunta te hacen pensar, no todas te movilizan de la misma manera. Por eso nuestra propuesta es que te cuestiones las preguntas que te haces. Éstas, ¿te capacitan o te incapacitan? Las buenas preguntas son las que promueven una nueva comprensión, se focalizan en las soluciones, mueven a la acción y ayudan a responder a la situación.

Por el contrario, estarían aquel tipo de preguntas que podemos llamar limitantes y que a diferencia de las anteriores ponen el acento en el problema y no en la solución. Son un tipo de preguntas que tienden a crear bucles repetitivos que nos impiden avanzar. La solución pasa por ser consciente de tu lenguaje interno, en este caso de las preguntas que te realizas, y es que has de saber que si la pregunta no es la adecuada tu respuesta va a estar en consonancia a ello. De algún modo, la calidad de tus preguntas determina tu calidad de vida.

Veamos algunos de ejemplos de preguntas limitantes en las que muchos solemos caer en el día a día y que nos llevan a centrarnos más en el problema, sin promover ningún tipo de acción ni ofrecernos un nuevo enfoque que permita solucionar la situación. Estas serían algunas preguntas a evitar y algunos cuestionamientos a tener en cuenta:

  • ¿Por qué siempre me ocurre a mí? Es la típica pregunta que todos más o menos nos cuestionamos cuando acaece una adversidad. Mira a tu alrededor, observa que muchas personas están en tu misma situación e incluso peor. Muchas se estarán lamentando como tú, pero otras lo viven de forma más positiva. ¿Por qué no puedes hacerlo tú también?, ¿seguro que no hay nada de positivo en todo ello?
  • ¿Y si no soy capaz de conseguirlo? Tienes miedo a no ser lo suficientemente bueno para lograr tus objetivos, y tu miedo a no alcanzar las metas te lleva a la derrota. No olvides que la única derrota que puedes tener es no haberlo intentado. No tienes obligación de acertar, ni de no fallar, tu único deber contigo mismo es hacer el camino, es intentarlo.
  • ¿Por qué no gusto o no caigo bien a los demás? No tienes que gustar a todo el mundo, a ti tampoco te gusta todo el mundo. Fíjate en las personas a las que les gustas, son muchas más de las que te imaginas. Es tu inseguridad lo que te lleva a pensar así. Lo más importante es que tú te aceptes como eres, esa es la base para que los demás también lo hagan.
  • ¡Cuántas cosas me faltan! Esto no sería una pregunta, sino una exclamación, casi un lamento. Te afliges por lo que te falta ¿de verdad lo necesitas? ¿Para qué? ¿Serías más feliz con esas cosas que hoy no tienes, o a los tres meses estarías igual? Tal vez si lo enfocases desde el otro ángulo, la visión sería mucho más positiva. ¿Por qué no ves lo que tienes? ¿Te has parado a pensar en las muchas cosas buenas que posees?
  • ¿Cómo voy a olvidar? Si has tenido cosas buenas en el pasado y hoy no las posees, muéstrate agradecido por haberlas disfrutado, otras personas no han podido. Si lo que no puedes olvidar son malos momentos o errores, entonces aprende de ellos, saca su lado positivo, no te quedes solo con el dolor y el sufrimiento.
  • ¿Qué van a pensar de mí? No puedes actuar en función de lo que opinen o no los demás, tienes que actuar en función a tu criterio personal, a tus convicciones. No olvides que eres tú el que debe dirigir su vida.
  • ¿Qué pasaría si…? El mundo es de los valientes. La gente no te va a rechazar si eres una persona coherente con tus sentimientos y actúas en función a ellos, y siempre y cuando respetes a los demás.
  • ¿Cuándo cambiarán las cosas? Las cosas no cambian por sí mismas, cambias tu modo de actuar o de verlas. El mundo no cambia solo, lo cambian las personas y en ese grupo estás tú.

En definitiva, lo que os queremos transmitir es el gran potencial que encierran las preguntas, porque una pregunta bien hecha tiene el potencial para cambiar de raíz el prisma con el que vemos el mundo. Y este mundo, en el que cambio se ha acelerado, si hay algo que prima es la necesidad de hacerse buenas preguntas porque como diría Benedetti, ahora que creíamos que teníamos todas las respuestas, de repente nos cambian todas las preguntas.

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