¿Nos planteamos bien nuestras metas?

plantearse metas

No cabe ninguna duda que las metas juegan un importante papel en la vida de muchas personas, y es que éstas dan sentido y rumbo a muchos de sus pasos. De este modo, George Bernard Shaw llegó a decir que: “dad al hombre salud y metas a alcanzar y no se detendrá a pensar sobre si es o no feliz.” Sin embargo, no todas las metas están bien planteadas e incluso en algunos casos y tras su consecución, se produce situaciones de cierto desasosiego en muchas personas. Por eso, hoy queremos reflexionar sobre algunos errores que cometemos en el planteamiento nuestras metas vitales.

Decía Maslow que muchos hombres pagan un elevado precio por su salario. Y esto es así, pensemos que cada acción, cada meta, tiene un coste de oportunidad, una renuncia. Por eso, cuando las planteamos éstas no pueden estar aisladas de un profundo autoconocimiento, así como de una visión global de otros objetivos y planteamientos personales. Y he aquí, un error bastante común.

Imagínate por un momento que tu deseo es ser corresponsal de guerra, que en un momento dado esa es tu aspiración laboral. Para ello pones todo tu esfuerzo, toda tu energía, todos tus sacrificios, todo tu empeño se encamina a lograrlo. Bien, lo has conseguido, te sientes orgulloso de que pese a los muchos obstáculos estás en el sitio que deseabas tanto. Ahora párate y piensa ¿eres feliz? ¿Dónde has dejado tus relaciones familiares y sociales? ¡Ah! Te das cuenta que te falta algo, que sí que eres reconocido en tu trabajo, tanto tus compañeros como tus jefes valoran tu labor pero…sí, hay un pero con consecuencias para ti. Has descubierto que has vivido única y exclusivamente para tu trabajo, que otras metas ni te las has planteado en serio, que ingenuamente habrás creído que si triunfabas laboralmente lo demás lo tenías concedido. Y ahora, sin embargo, observas que priorizabas tanto una de tus metas, dando tanta importancia a una parcela de tu vida que abandonabas completamente las otras.

Esto ya lo reflejaba Laín Entralgo  cuando decía que: “El deseo de la polilla de alcanzar la estrella, de la noche que se convierta en mañana; la devoción de algo distante y fabuloso, nos puede llevar de la alegría a la tristeza”. Y es que esto pasa con más frecuencia de lo que uno puede pensar.  Dicha por lo conseguido y de repente desolación por  lo no buscado.

Pero este no es el único error que cometemos. A veces, y sin ser consciente de ello, planteamos nuestras metas de tal modo que son incompatibles entre ellas. Un ejemplo de esto fue el propio Kafka. Éste estaba convencido que tener una vida amorosa era incompatible con la de escritor. Visto ahora desde fuera nos parece bastante absurdo, pero ¿cuántas personas existen que hacen incompatible su vida familiar con la laboral?, ¿cuántas personas valoran los distintos aspectos de su vida?, ¿cuántas parcelas de la vida están abandonadas, ignoradas y casi olvidadas en detrimento de otra?

Cuando uno elige metas pueden presentarse tres opciones que no se conozca lo que se quiere;  que lo conozca pero no sabe cómo hacerlo o bien que aún sabiendo lo que se quiere y cómo le provoque miedo. A este respecto, W. Clement Stone sentenciaba “Para lograr una meta no debes saber todas las respuestas de antemano. Pero debes tener una idea clara de la meta que quieres alcanzar”.

Todas las metas son difíciles, unas más que otras, y lo que para unas personas es más fácil para otros puede constituir barreras infranqueables. A veces no se logran los objetivos porque la persona se lo plantea mal, y no porque la meta sea imposible de alcanzar. ¿Te imaginas a alguien que pretenda ser presidente de EEUU? Es algo improbable pero no imposible ¿verdad? Pero si esa misma persona no es americana ¿cómo lo verías? Podrá tener muchas cualidades para serlo, tener un gran apoyo de la población, tener un gran carisma, todo lo que quieras, pero ha obviado que no es americano. Entonces se está planteando una meta imposible para él. Este es el origen de muchas metas fracasadas porque eran imposibles para la persona que se lo planteaba, mejor dicho era un mal planteamiento de su meta, porque si eso era lo que desease realmente, tendría primero que nacionalizarse americano, entonces tendría posibilidades de lograrlo. En realidad no hay metas imposibles, lo imposible está en nuestra mente, sin embargo sí pueden convertirse en imposibles cuando los caminos que seguimos para lograrlo no son los adecuados.

Lo define muy bien Confucio cuando dice “Cuando es obvio que las metas no pueden ser alcanzadas no ajuste los objetivos, ajuste los pasos a seguir”.

Conclusión lo que interesa es saber la lección; tener claro que es trivial o importante en la vida para cada uno de nosotros, no mantener conductas rígidas sino flexibles a la hora de luchar por nuestros objetivos. Observar lo que podemos o no hacer, conocer nuestras capacidades, y apostar por metas elevadas pero alcanzables para nosotros, puesto que  las supra-metas son difíciles de alcanzar y las sub-metas desperdician nuestro potencial. 

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