Aceptación

Aceptación

Hablando de aceptación

Aceptación ¿De qué hablamos cuando hablamos de aceptación? ¿En que consiste aceptar? ¿Qué es lo que tenemos que aceptar? ¿Es lo mismo aceptar que resignarse? ¿Qué consecuencias tiene la aceptación?

Desde nuestro entender, aceptar consiste en asumir que no podemos conseguir todo aquello que nos proponemos por mejor que utilicemos los recursos que tenemos a nuestro alcance. Hemos de aprender y asumir que existen una cantidad enorme de factores exógenos a nosotros que no podemos controlar.

Pero aceptar y resignarse no son sinónimos. La diferencia es magnánima. El resignado asume su derrota sin haber luchado. El que acepta sabe que ha batallado hasta el final y es capaz de asumir que el enemigo o las circunstancias pueden más que él. El que acepta no busca excusas ni justificaciones. El que se resigna renuncia de antemano. Además, cuando lo damos todo, quizás no obtengamos todo, pero sí parte. El que se resigna no consigue nada y se queja de todo.

Una de las implicaciones prácticas de la aceptación es la posibilidad de pasar página, centrar nuestras ilusiones y esfuerzos en nuevos desafíos. El que se resigna se queda pegado a su resignación y al motivo de la misma. El que acepta supera mediante la aceptación su propia limitación, no se queda estancado a ella.

El propio pensador Lao Tsé consideraba la aceptación como una estrategia personal. Entre otras cosas decía:

  • Si quieres ser todo, acepta ser parte. Si quieres ser recto, acepta estar torcido. Si quieres ser pleno, acepta estar vacío.
  • No des al mal nada a que oponerse y desaparecerá por sí mismo.
  • Lo duro y lo rígido se quebrará. Lo suave y flexible prevalecerá

Por su parte, cerramos con una palabras de Gerardo Schemedling que decía: “Aquello que no eres capaz de aceptar es la única causa de tu sufrimiento. Sufres porque no aceptas lo que te va ocurriendo a lo largo de la vida y porque tu ego te hace creer que puedes cambiar la realidad externa para adecuarla a tus propios deseos necesidades egoístas y egocéntricas.

Pero la verdad es que lo único que sí puedes cambiar es la interpretación que haces de los acontecimientos en sí, conociendo y comprendiendo como funciona tu mente. Si tu interpretación del hecho te reporta sufrimiento es que actúas movido por la ignorancia; si te deja paz interior o te trae armonía y satisfacción, no cabe duda de que actúas movida por la sabiduría.

Ante el sufrimiento, el miedo, y la tristeza o la angustia, hazte una simple pregunta: ¿qué es lo que no estoy aceptando? La respuesta te hará comprender que la limitación que origina todas estas desagradables reacciones está en tu propia mente y no en ninguna otra parte. En realidad, nadie puede hacerte daño: tu ego es el que te hace reaccionar automática y negativamente ante lo que te sucede, te dicen o te hacen. Tu ego es el único responsable de tu malestar interno, por mucho que te esfuerces en buscar culpables fuera de ti mismo.

Cuando compruebas la veracidad de estas afirmaciones a través de tu experiencia personal, dejas de intentar cambiar la realidad externa para acomodarla a las exigencias de tu ego y comienzas a trabajar sobre tu realidad interna para poder aceptarla tal como es. A partir de entonces comprendes que has venido al mundo a aprender a ser feliz por ti mismo y a aceptar y a amar a los demás tal como son. Éste es el llamado camino espiritual.”

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