La felicidad no juzga

Se ha dicho en alguna ocasión que el verdadero paraíso en la tierra lo tienen los niños.  Son ellos, los que verdaderamente saben disfrutar y fluir con la vida. Probablemente, lo que les permita ese fluir tan mágico sea su mente, su conciencia. Y es que ésta no les lleva a estar comparando, juzgando y evaluando la realidad de forma permanente. Sin embargo, los que ya somos un poco más mayores no realizar esas actividades, aunque sea en piloto automático, nos cuesta un mundo y sin ser conscientes estamos permanente juzgando la realidad entre lo que es y lo que debería ser acorde a nuestros criterios.

Pero es precisamente ahí, en quitar y no en poner, probablemente donde radique buena parte de la felicidad. Vivir la vida en lugar de pensarla, sumergirse en ella en lugar de conceptualizarla, entregarse a su flujo y devenir. Cierto es que a determinados niveles debemos pensar la realidad para desenvolvernos en ella, para organizarnos y cuidar nuestra supervivencia. Pero sin embargo, en otros planos estar permanentemente con el piloto mental encendido nos acaba aprisionando con nuestras exigencias mentales y evita que disfrutemos plenamente de nuestra vida.

El paraíso surge cuando la vida no es teorizada o interpretada, aunque sea favorablemente, porque lo favorable queda inevitablemente vinculado a lo desfavorable. Por ello, aprendamos de ellos. Este vídeo puede ser un ejemplo para darnos cuenta de lo que comentamos.

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