No tener miedo

No tener miedo

Gestionando el miedo

¿Es posible no tener miedo?, probablemente no sea posible.  Y es que como dijo en cierta ocasión Woddy Allen “El miedo es mi compañero más fiel; jamás me ha engañado para irse con otro.” Ahora bien, otra cosa diferente es evitar que nos paralice, que nos haga infelices. Eduardo Punset define la felicidad como «la ausencia de miedo»; lo contrario, el no saber que sucede alrededor produce una sensación de intranquilidad y ansiedad tremendamente dañina. Por tanto, no se trata en muchos casos de eliminar miedos, sino de reconocerlos, conocerlos y gestionarlos

Cada día hallamos personas que creen que su fuerza física es muy limitada, que determinadas acciones no podrían llevarlas a cabo pues no tendrían fuerza suficiente para realizarlas. Sin embargo,  observan que en determinada ocasión han sacado fuerzas de “no sé dónde”. La poca fuerza que creían tener  era la consecuencia de una resistencia mental  que se había puesto en marcha con anterioridad. Pero cuando la motivación, la determinación y el compromiso se activan, el resto de las facultades mentales y físicas también lo hacen.

Cuando surgen problemas, obstáculos o acontecimientos nuevos, uno puede sentirse temeroso ante lo desconocido, ante algo que creemos insalvable o no manejable por nosotros, entonces nos replegamos y no actuamos, quedamos observando “lo que ocurre”, pero sin intervenir. Y eso ocurre porque sentimos miedo, y ese miedo impide que nos sintamos con fuerza para enfrentar el problema, en definitiva nos sentimos “incapaces”.

Todos tenemos miedo. La diferencia entre el cobarde y el valiente no es el miedo, ambos lo tienen, la diferencia es que uno permanece amarrado en puerto seguro y otro suelta amarras y navega mar adentro. El valiente lo afronta, mientras que el cobarde se deja dominar por él.

Decía Robert Allen, que «la vida empieza donde termina tu zona de confort». Todo lo que realmente quieres está a partir de esa frontera. Si tu vida es demasiado cómoda, probablemente estás estancando. El crecimiento personal siempre está asociado a una cierta intranquilidad, a una cierta tensión entre lo que una persona es y lo que puede llegar a ser.

El miedo tiene las siguientes características:

  • Nunca desaparece mientras sigue creciendo.
  • La forma del librarse del miedo a hacer algo es haciéndolo.
  • La única forma de sentirse bien es enfrentando el miedo.
  • Vencer el miedo es menos doloroso que vivir con el miedo que proviene de la impotencia.

Ante los problemas, los retos que nos presenta la vida, la clave para saber si uno es capaz de afrontarlo o no, no se halla ni en lo que sentimos frente al obstáculo (muchas veces es el miedo), ni en la fuerza que percibimos en nosotros; la clave se halla en la motivación, en el compromiso, que nos da fuerza para no desanimarnos.

Es en el sistema  límbico o cerebro emocional donde está el motor que cuando se activa, nos lleva a la acción. Nuestra verdadera “fuerza” no sale cuando nos centramos en nosotros, sino cuando lo hacemos en los demás.

El miedo, decía Tito Livio, siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son.

Un punto fundamental es pensar en lo que se puede “ganar”, no en lo que se puede perder.

El miedo nos priva de la posibilidad de crecer y avanzar, nos impide lograr aquello que siempre pensamos que no podríamos alcanzar.

El único fracaso importante y transcendente de las personas es no aprender de los errores, y no levantarse otra vez tras las “caídas”.

Es importante que ante situaciones tensas, de angustia intentemos relajarnos con una respiración pausada y relajada, si uno está relajado “contagiará” esa tranquilidad a los que le rodean, y ello suavizará el posible “clima de tensión” existente.

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