Optimismo

Optimismo

Una apuesta por el optimismo

El optimismo es la tendencia a ver y valorar las coas desde el punto de vista más favorable. Junto con la esperanza, el optimismo implica tener una alta expectativa de que las cosas irán bien a pesar de los altibajos y contratiempos que puedan surgir. Hay una tendencia a ver el “lado bueno” de los hechos y se espera obtener los mejores resultados posibles. Desde el punto de vista de la inteligencia emocional es una actitud ante la vida que aleja de la vida del optimista la apatía, los estados depresivos, la desgana y el desinterés ante situaciones frustrantes.

La diferencia entre un optimista y un pesimista es la forma en que afrontan los acontecimientos de la vida. Todo el mundo sufre en carne propia los vaivenes de la vida, en unos momentos logras tus metas y en otros te quedas en el camino.

El ejemplo es muy clarificador con la botella de agua que tiene contenido hasta su mitad. El optimista lo verá como “todavía  tengo agua” , mientras el pesimista lo verá como “casi no tengo agua”. Y sin embargo la situación es la misma para ambos. ¿ Qué los diferencia? Uno ve la parte positiva ( tengo media botella de agua)  y el otro su parte negativa (no voy a tener agua para beber,).

La escritora Isabel Allende define el optimismo “como la memoria selectiva para recordar lo bueno, prudencia lógica para no arruinar el presente y optimismo desafiante para encarar el futuro”

Tagore decía “Tengo mi propia versión del optimismo. Si no puedo cruzar una puerta, cruzaré otra o haré otra puerta. Algo maravilloso vendrá, no importa lo oscuro que esté el presente” .

El optimismo es una actitud que te lleva a afrontar las dificultades con buen ánimo, trabajo y perseverancia, descubriendo  lo positivo de las personas y las circunstancias que vives, confiando en tus posibilidades, en definitiva confiando en ti, en lo que tu puedas aportar.

No hay optimista que tenga su autoestima baja, que crea que no puede. Quizás no logre lo que pretendía en muchas ocasiones, pero sabrá sacar partido a ello, aprendiendo de sus errores o buscando alternativas que tal vez en un primer momento no las tuvo en cuenta.

Mientras el optimista toma una actitud luchadora frente a la vida, porque cree en él, porque hasta en las pequeñas cosas ve positividad, porque los desafíos del día a día los considera retos a vencer y nunca los ve como murallas insalvables; el pesimista por su parte adopta una actitud defensiva ante la vida, intenta no salir de su “patrón de vida”, lo desconocido, lo “nuevo”, le da terror, no desea enfrentarse al “cambio” porque en el fondo no tiene confianza en si mismo, no conoce sus posibilidades, ni pone empeño en conocerlas y fomentarlas. Prefiere quedarse “quieto”, porque de los fracasos no aprende lecciones, ni busca alternativas. Como dirían por ahí su frase sería “mejor no meneallo”.

Frente al optimista, el pesimista vive las etapas de la vida de forma muy diferente.

El pasado, para el optimista es un ciclo que ha pasado, del que ha aprendido muchas lecciones y que gracias a “vivirlo”, hoy está en el presente. Por el contrario el pesimista se aferra al pasado de tal forma que su coletilla es “cualquier pasado fue mejor”.  Se quedan con las vivencias negativas de su pasado porque obviaron lo que tuvieron de bueno y positivo de ello. Solo recuerdan el sufrimiento pero no las alegrías, las satisfacciones. Eso para ellos no existe en su memoria. Y si recuerdan el pasado con benevolencia es para comparar su época infantil sin ningún tipo de responsabilidades frente al presente cargado de compromisos familiares, laborales, sociales y como eso no lo domina, y huye de los cambios es cuando su mente proyecta lo del pasado fue mejor.

El presente también lo enfocan ambos de distinta manera. Mientras el optimista fomenta sus pensamientos positivos, busca lo bueno de las cosas, el pesimista no ve más que dificultades, enfrentamientos, y batallas personales donde no las hay, al menos de la forma que el las formula. El optimista da importancia a las cosas que las tienen, pero no se para en las piedrecitas que le pone la vida, porque acepta que es lo que hay, que nada es un camino de rosas, y que para lograr la rosas con frecuencia tienes que pincharte el dedo antes de cogerla, el pesimista ya no se molesta, solo piensa en los pinchos y lo ve todo tan negro que ya no intenta alcanzar la rosa.

El futuro mientras el optimista lo que con esperanza, con ilusión, con fuerza e interés en proseguir adelante, el pesimista se repliega, no soporta la incertidumbre, no quiere saber nada de lo que el cree que “controla” y sigue amarrado a su “amargura”. Pero esto no le afecta solamente a él, sino a todos los que le rodean. Y a él le afecta en todos los ámbitos de la vida (familiar, laboral y social) igual que al optimista.

 

 

FACTORES QUE DETERMINAN O INFLUYEN EN EL OPTIMISMO VERSUS PESIMISMO.

 

Las ilusiones son la base del optimismo. Si la persona no está ilusionada con su proyecto, con su meta, malamente va a llevar a cabo su cometido. Si está desmotivado ¿para qué va a luchar y esforzarse? ¿por qué va a sacrificar su tiempo en cosas que no le ilusionan? El optimista tiene ilusión y tiene esperanza, ilusión por recorrer el camino, ilusión por alcanzar sus objetivos, esperanza en que ello tenga un resultado favorable.  Así pues tanto la ilusión como la esperanza son la misma cara de la moneda, es el pilar en el que se basa el optimismo. El optimismo al igual que la felicidad es algo personal y subjetivo. Así se observa a personas que ante una misma circunstancia la valoran como algo positivo y otros o bien no se percatan de ello, o lo consideran algo negativo en sus vidas.

Veamos que factores pueden influenciar en una actitud optimista:

1.       La genética. Los diversos y extensos estudios realizados han demostrado que los genes influyen en un 30% en la forma que los individuos se enfrentan a la vida.

2.      La cultura.Se ha observado que en culturas más individualistas el porcentaje de optimistas es mayor. Tal vez al no sentirse tan arropados por la “sociedad” tienen la necesidad de profundizar más en sus recursos personales. Nadie le “va a sacar las castañas del fuego”, luego o fomenta su autoconfianza, su autoestima o perece en el intento, o simplemente forma parte del grupo de pesimistas que dan todo por perdido.

3.      Vivencias y experiencias personales,lo que podríamos denominar “ambiente”, “circunstancias personales”. Algo fundamental en la vida de una persona es la percepción que tiene de ella misma, es su autoestima. Y ésta se desarrolla ya en los primeros años de vida. Va a estar muy influenciada por la actitud positiva o negativa de los progenitores ante la vida y ante su hijo. Como lo han valorado, como lo han estimulado, como le dieron a entender “su importancia”. Y de qué forma esa persona “ha vivido “ todo esto.

El optimista logra con frecuencia sus metas, porque no pierde la esperanza de hallar eso que buscaba, no se rinde y sigue luchando, sabe que el camino es duro pero la esperanza es mucho más fuerte que los obstáculos.

En el siguiente artículo analizaremos las consecuencias del optimismo y como fomentarlo

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