Una carencia que nos lastra para conseguir lo que queremos

Una carencia que nos lastra para conseguir lo que queremos

A la hora de intentar conseguir todo aquello que nos proponemos nos vamos encontrando diferentes piedras y obstáculos que van mermando nuestras energías a lo largo del camino. Cierto es que para unos las adversidades son más llevaderas que para otros pero, todos o casi todos, en un momento dado hemos tenido que hacer frente a escollos para conseguir aquello que nos proponíamos. Es precisamente en esos momentos cuando tenemos que sacar a relucir lo mejor de nosotros mismos, y al mismo tiempo una cualidad pocas veces mencionada, que a nuestro entender juega un papel decisivo, y especialmente en momentos complicados, para conseguir aquello que nos habíamos propuesto.

¿De qué cualidad estamos hablando?, hablamos de algo tan sencillo pero tan importante como de pedir ayuda. De algún modo el éxito, que requiere de esfuerzo y energía, a veces tiene su gran secreto en saber que todo el esfuerzo y la energía no tiene que venir de uno mismo, sino que es cuando este esfuerzo es acompañado y soportado por otros cuando se acaba materializando. Voltaire lo expresaba muy bien al escribir: "Hay personas tan inteligentes que aprenden de la experiencia de las demás"

Cierto es que en más de una ocasión uno habrá pedido ayuda y se habrá visto decepcionado por diferentes motivos; incomprensión, falta de escucha o de conocimiento de la persona a la que pidió ayuda. Pero seamos francos, la mayoría de las veces nuestro fallo no está en a quién pedimos ayuda, sino que nos quedamos en la antesala de ello; ni siquiera la llegamos a pedirla. La principal causa la hayamos en muchos casos en un orgullo malsano y poco inteligente que nos lleva a encerrarnos en nosotros mismos, sin entender que es a través del soporte y de las capacidades de los otros como mejor podemos alcanzar nuestros propios objetivos. Y es que erróneo es pensar que sólo piden ayuda aquellos que están locos, desesperados, perdidos… los débiles. Nos iría mucho mejor si nos olvidásemos de esos clichés e imposiciones sociales y empezaremos a comunicar lo que nos sucede.

La segunda causa de error que no lleva a permanecer callados esperando milagros o consumiendo las reservas de nuestras energías en actividades poco productivas para nuestro proyecto vital, la encontramos en el miedo. Concretamente en el miedo al rechazo que nos lleva mantenernos en nuestra zona de confort sin ser capaces de asumir el riesgo de un posible “no”. En este sentido, uno de los grandes desafíos que tenemos como individuos es aprender a gestionar nuestro miedo a la palabra “no”.  El que no sea capaz de gestionar el rechazo se encontrará con un obstáculo infranqueable, su inactividad fruto del miedo.

Del mismo modo, pretender mostrar que tienes lo que necesitas sin tenerlo, a lo único que te conducirá es a hundirte poco a poco en un pozo personal. Este tipo de actitudes prepotentes y autosuficientes en las que uno pretende demostrar valía y saber hacer en todos los campos, lo único que acaban generando en el largo plazo son socavones personales fruto de invertir tiempo, esfuerzo y recursos en actividades en las que nos somos competentes o que nos han sobrepasado.

Y si por alguna razón, uno pensara que esto de pedir ayuda puede debilitar nuestras relaciones con los que pedimos ayuda, nada más lejos de la realidad. No sólo no las debilita, sino que es si es bien gestionada pueda ser un punto de fortalecimiento de la misma. Entre otras cosas porque cuando se pide ayuda, también se crean compromisos, y cumplir los compromisos es la base para la generación de confianza. El camino contrario, el de refugiarse en uno mismo, nos aleja de las interacciones personales y nos conduce a sentirnos más  solo.

Otro error frecuente en relación con pedir ayuda es la presunción de que los otros conocen lo que nos sucede, de algún modo actuamos como niños pequeños y creemos que los demás saben cuáles son nuestras necesidades y deseos. Esto no funciona así, la mayoría de la gente no tiene la menor idea de lo quieres o necesitas. Si quieres algo, si necesitas algo no hay mejor manera de conseguirlo que pidiéndolo. Hay un refrán gallego que dice: “el que no llora, no mama” pues eso. Pidamos, comuniquemos claramente y no juguemos a las adivinanzas

En definitiva, pedir ayuda es parte de hacerse cargo de uno mismo, tomando conciencia de que uno por sí solo, no tiene todas las respuestas, que no se es propietario de todos los talentos ni de todas las habilidades y por tanto tiene sus limitaciones, siendo capaz al mismo tiempo de romper con el paradigma de ser perfecto y autosuficiente.

Antes de finalizar este post es bueno aclarar que pedir no es exigir, que pedir se ha de hacer de forma correcta, pensando que los demás también tienen sus limitaciones y buscando las interacciones más productivas pues del mismo modo que las capacidades de los buenos equipos transcienden las limitaciones individuales, así ha de suceder lo mismo con nuestros proyectos vitales.

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