Me llamo Darek y soy Chapero

Este tipo de presentaciones me recuerda a los grupos de auto-ayuda, hola, me llamo Darek, soy alcohólico. Tal vez mi trabajo sea igual de adictivo que el alcohol, tal vez no se deje nunca de ser un chapero una vez que lo has sido. De lo que estoy seguro es que de todo lo demás, se puede salir. Cuando empecé, me encontraba en una situación económicamente incómoda y en una relación destructiva, pues todo lo que hiciera, le parecía bien mientras le pudiera dar a mi pareja el dinero necesario para comprarse un par de gafas más para su colección de Ray Ban.
Decidí alquilar mi cuerpo por horas, incluso por minutos si fuera necesario. No fue una decisión al límite. No fue la única salida. Pero fue la que decidí: Convertirme en chapero. En el mejor escort gay de la costa, aunque aún no sabía ni lo que significaba la palabra escort (chapero, chico de compañía…). Tenía 29 años, no es una edad temprana para empezar a ofrecer servicios de compañía, pero supongo que esa mínima madurez no me haría perder los papeles y me haría dar pasos más firmes, absolutamente confiado en que yo era un buen amante. Por mis piernas habían pasado cientos de chicos, y yo me había dejado caer en los brazos de otros tantos, por épocas, no discriminaba en altura, peso, tamaños ni edad. Por lo que pensaba que no sería un problema venderme a un desconocido. Aún no sabía, que el peligro no residía en los demás.
Tan alejado estuve de los chaperos, que ni tan siquiera sabía que existían paginas como Rentboy.com, así que recorría los chats buscando alguno que estuviera dispuesto a pagar. Y así surgió mi primera chapa (así se denomina el trabajo de chapero), a cien kilómetros de donde me encontraba, y por unas 16.000 pesetas de las de entonces. Tras ducharme, y vestirme como si fuera de estreno, subí a mi coche y me dirigí hacía lo desconocido. Supongo que la sensación es la misma que cuando vas a grabar una película porno por primera vez, estás aburrido de follar, pero el mero hecho de haber una cámara grabándote te pone nervioso. En mi caso, durante todo el trayecto intenté olvidar que tras el polvo, me daría dinero e intentaba preocuparme más por el ruido de los discos de los frenos que no había podido cambiar por falta de liquidez y que apenas frenaban. Como una metáfora de lo que iba suceder, por mucho que me empeñara en pisar el freno, mi destino como chapero no se detendría.
Llegué nervioso al encuentro, sobre todo cuando comprobé que mi cliente me daba mil vueltas, guapo, atlético, dotado, tan sexual, que acabé disfrutando yo antes que él. Y ahí empezó mi filosofía, disfrutar de lo que hacía, experimentar, dejarme llevar, y así sucesivamente, día tras día, mes tras mes… Empezó a entrar dinero, mi novio seguía con su rutina, de tienda en tienda, de reformas en la casa, ajeno a mi trabajo, a mi vida.
Empecé a tener clientes habituales, y un día descubrí con uno que la noche se podía estirar mucho más. Sobre una litografía de Marilyn Monroe el polvo blanco se iba dividiendo en rayas paralelas, en pastillas que me hicieron perder las reglas de seguridad que me había impuesto.
Sexo, drogas y otras complicaciones.
Mi cuenta corriente ya no sufría con números rojos, mis servicios se convertían en auténticas sesiones de charlas, risas, drogas, morbo, sexo sin protección. Si antes pasaba una hora con un cliente, ahora pasaba una noche entera, despegándome de mi pareja, y entrando en un círculo de soledad.
Me había convertido en uno de los mejores chaperos, el macho con el que todos querían tener sexo aunque fuera a cambio de dinero hasta que la goma se retrajo, mi disciplina se había desordenado, no atendía a mis clientes, no controlaba, ni sabía lo que me metía, el dinero que entraba por la punta de mi polla salía por el retrete.
Recuerdo cuando pensaba que podría dirigir todos mis pasos, que nadie ni nada me haría resbalar de mi seguridad. En ese momento, hubiera sido de utilidad conocer todos los aspectos de ese trabajo, conocer exactamente lo que tomaba, las consecuencias. Hoy en día, hay páginas webs que ayudan a todos aquellos que utilizan drogas para el sexo o para el ocio, como Energycontrol con talleres específicos para chicos de compañía. Tal vez debía haber entendido que ante todo, lo que es necesario es la información y el control.
Han pasado unos años, algunos oscuros, otros no tanto, mi pareja sigue gastando aunque no junto a mí. He conseguido volver a revertir la dinámica de mi vida.
Me llamo Darek, y estoy orgulloso de ser el mejor de los chaperos porque de mi experiencia aprendí. Y eso es lo que me convierte en auténtico profesional, con el que puedes sentirte seguro, y que jamás te pasará nada.

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